sábado, 30 de junio de 2012

CAPÍTULO I



Allí me encontraba yo junto a mi compañero, Grover, para realizar la entrevista personal y privada al alcalde de Lon­dres, David H. B. Brokenshire, que gozaba de una gran po­pularidad entre la ciudadanía, pese al mal momento por el que pasaba su partido, que corría riesgo, incluso,  de desaparecer.

Brokenshire era un regidor muy cercano al pueblo y que siempre que podía prescindía del guardaespaldas y de la corbata, por lo que era bastante común para la ciudadanía verlo en el Pub Melanie, lugar al que asistía el populacho en lugar de al ayuntamiento, ya que en el Pub no debían pasar cientos de trámites burocráticos para hablar con el primer edil durante unos escasos cinco minutos.

Incluso recuerdo una ocasión en la que un hombre con barba, gafas de gran empaque y zapatos llenos de barro se le acercaba a perdirle nada más y nada menos que 1000 libras; el Sr. Bro­kenshire se las entregó sin dudar un momento, y al día siguiente a la misma hora y en el mismo lugar, el deudor satisfacía su empréstito, creo que incluso con intereses, ya que pude vislumbrar seis billetes de 100 libras, dos de 200 y cuatro o cinco de 50.

Pero esto atañe, como mínimo, la mitad de la historia, y quiero que en este libro haya un cierto orden, así que empezaré por el principio y retomaré esta parte cuando lo vea necesario:

No hay comentarios:

Publicar un comentario