Un mes después todo había vuelto a la normalidad: el exalcalde ya era
carne de presidio junto a otros políticos golpistas, el Siete
Días había subido considerablemente en ventas por haber sido el
diario que desenmarañaba el golpe de estado, pero Londres no tenía un alcalde
que representase y mantuvieses bella la
ciudad, así que se convocaron elecciones municipales.
Para alegría de muchos, el alcalde elegido por un 54, 63% de los votos fue
nada más y nada menos que Albert Cameron, que abandonaba así el periodismo para
meterse en la primera línea política inglesa por la puerta grande, manteniendo
su cargo durante 20 años, en los que elección tras elección la masa social de
sus votantes crecía (llegando a un 80% de los apoyos en su última contienda electoral).
Este ha sido el relato de mi primera gran aventura como periodista. Puede
que otro día, cuando me siente en mi despacho de director del Siete Días y no
tenga trabajo, escriba otro libro en el que les narre mis Crónicas de Periodista.
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