Al día siguiente, me levanté bastante tarde. Una vez estaba lo suficientemente aseado y vestido baje por las escaleras y me dirigí a la tienda de periódicos de Mitt Lincoln, donde pude adquirir el Siete Días, y por consiguiente, leer mi artículo sobre Puma:
Triste vida, triste final por John William Dawking:
Así podemos calificar la sentencia del magistrado ayer sobre el conocido ``Puma´´. Después de cientos de delitos, el forajido galo será severamente
…
Y así, cual toro enfurecido se encabritó y se enfrentó a todo aquel lo que intentaba parar, mientras seguramente veía como su triste vida llegaba a un triste final.
Tras eso, comencé a andar, pues debía ir a un sitio donde quizás no sería bien recibido.
Después de una pequeña caminata, llegué al ayuntamiento, entré por la puerta y le dije a la señorona de cardado y rojizo cabello, que estaba sentada a una máquina de escribir:
-Quiero ver al alcalde Brokenshire-informé.
-El alcalde ha salido-me respondió con un tono de voz muy agudo.
-¿No estará en el Pub Melanie?-inquirí.
-Esa información es confidencial, el alcalde confía en que yo no me vaya de la lengua, y así debo hacer-me volvió a responder en un tono más agudo todavía.
Haciendo un marcado gesto de descaro, cerré las puertas con contundencia y me marché al Pub Melanie. Abrí la puerta y miré al fondo del local, a la mesa 17, donde el alcalde se solía sentar. Efectivamente, allí se encontraba, degustando un cappuccino con doble capa de nata, tal y como solía tomar dos veces por semana.
Después de saludar a P.T. me envié a la mesa y le dije:
-Sr. Brokenshire, ¿Me recuerda?-pregunté.
-Su rostro me he es familiar, recuerdo haberlo visto antes aquí, pero su nombre no lo puedo recordar-me respondió.
-Tal y como ha dicho sí he trabajado aquí antes. Mi nombre es John William…
-Dawking-me interrumpió el alcalde mientras me señalaba, causando que yo asintiese- Supongo que vendrás a pedirme esa entrevista de la que hablamos hace tiempo.
-Exactamente-le respondí escuetamente.
-¿En qué periódico trabajas?-indagó.
-Desde hace poco tiempo hago faena en el Siete Días, en la sección de política-alegué.
-Buen periódico-dijo en voz baja-. Y volviendo al tema principal, claro que puedes hacerme una entrevista. El próximo lunes no saldré del ayuntamiento y no tengo nada realmente relevante que hacer, así que, puedes venir ese día-concluyó.
-Gracias, Sr. Brokenshire- dije concluyendo la conversación.
Dicha esta sucinta frase me fui (no sin antes hablar un rato con P.T.) me marché a la dirección del Siete Días, entré en el despacho de Albert y le conté:
-Sr. Cameron, he concertado hoy una entrevista con el alcalde Brokenhire para el próximo lunes.
-Nos viene como anillo al dedo-profirió alegre-, ya iba echando en falta alguna entrevista, desde que le hicimos una al subsecretario de Interior no hemos publicado ninguna, y de eso ya hace dos semanas.
Terminada esta breve conversación, me marché y asistí a la sesión de noche del cine, lugar al que me gustaba asistir, pues podía ver a montones de personas maravilladas por la llamada `` magia del cine´´. Ese día emitieron una de humor, aunque no recuerdo ni el film ni los protagonistas. Al terminar el largometraje, marché a mi apartamento, donde me tomé un café con leche y, a continuación, me fui a dormir a mi catre.
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