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Veinte
minutos después vi como Albert y otras ocho personas salían por la acristalada
puerta que servía de entrada. Cuando me vio comenzó con las presentaciones,
aunque a una de esas personas ya las conocía. Era Grover Radcliffe, que estudió
conmigo en la universidad, donde nos hicimos íntimos amigos, si bien era
cierto que por las tímidas jugarretas que nos gasta ese burlón arlequín que es
el destino no lo había visto desde el día de la graduación:
-John,
¡Cuánto tiempo!-exclamó- ¿Tú eres ese camarero licenciado brillantemente en
periodismo que quiere trabajar aquí?
-Sí,
ya sabes que mi periódico predilecto era y ha sido siempre el Siete Días.
-¿Os
conocéis?-interfirió el señor Cameron.
-Sí,
estudiamos juntos en la universidad-respondimos los dos al unísono, y a
continuación nos miramos recíprocamente.
Tras
eso me presentó a todos los demás integrantes de la no muy gran nómina del
periódico. La componían estas personas:
I.
Albert Cameron: Director y
fundador del periódico.
II.
Grover Radcliffe: Recién
contratado becario dispuesto a hacer todo tipo de recados.
III.
Steven Faulkner: Anciano
periodista famoso por sus críticas a todos los gobiernos, independientemente de
su color político.
IV.
Oliver Green: Jefe de la
sección de deporte. Un apasionado del fútbol, que disfrutaba con todo tipo de
partidos, desde los más bellos e importantes a los más intrascendentales.
V.
Wayne Hoodchild: Corresponsal
de la publicación en los reportajes que ocurrían fuera de Londres. Esto se
debía a su pasión por viajar. En la oficina se solía decir de él que había
estado en todos los países poblados por hombres, y lo que era más importante,
mujeres, pues como yo mismo pude ver era un auténtico mujeriego.
VI.
Abraham Worrington: Jefe
de la sección de política. Al contrario que Steven mantenía muy buenas
relaciones con todo tipo de gobiernos, por lo que el periódico podía conseguir
fácilmente entrevistas con todo tipo de jefes de gobierno.
VII.
Dwight Skewes: Además de ser el
encargado de realizar las tiras cómicas del periódico, por lo que se encontraba
en el centro de la diana de casi todo el mundo, tenía un título de meteorólogo,
por lo que también realizaba el parte.
VIII.
Stephen
Hallywell: Fundó el periódico junto al señor Cameron, aunque comenzó a
apoyarlo cuando el proyecto despegó. Su columna de crítica social era de las
más leídas de Inglaterra.
IX.
Martin Barrymore:
Elaboraba
las crónicas de los partidos junto a Oliver, y toda la sección deportiva. Era
conocido por sus extrañas corbatas de colores.
Tras
todas las presentaciones, el señor Cameron nos llevó a un pub de copas llamado Ping and Pang. La decoración de las paredes
era algo estridente, pues combinaba colores y motivos que rara vez se podían
ver junto, como es el caso del Rojo, el Marrón y el Amarillo (todo ello en
rayas, puntos, cuadros…) ; eso sí, debo reconocer que el lugar llamaba
poderosamente la atención.
Nos
acercamos a la barra y el señor Cameron dijo:
-Tres
Fantasías, cinco Small Bomb y un Impresionante.
-¿Tú
qué quieres, John?-me preguntó.
-La
verdad es que no he oído nunca esos nombres, pero aunque solo sea por probar,
pídame una Small Bomb-le pedí.
Una
vez que hubo pedido nos sentamos alrededor de una mesa y el Sr. Cameron me
dijo:
-Es
normal que no conozcas los cócteles que se sirven aquí, en un sitio que pasa
desapercibido, aunque no lo creas. Creo que has acertado al elegir una Small
Bomb, es un combinado perfecto para comenzar.
Al
cabo de unos cuantos minutos nos trajeron los cócteles, y descubrí lo que era una
Small Bomb, una bebida de color verdoso esmeralda, pero que en el fondo de la
copa de cristal brillaba con un precioso color azulado cual zafiro o
lapislázuli. Decidido me lo acerqué a los labios y sorbí un pequeña libación.
Me vi pasmado por la pequeña explosión que tuve en mi boca (de ahí provenía el
nombre) y quedé sorprendido por la buena elección que tuve.
-Sr.
Cameron, tenía usted razón, este cóctel es delicioso…-no pude terminar mi frase
pues me interrumpió Albert:
-No
me llames Sr. Cameron, entre mis empleados (y los que lo pueden ser) deseo una
relación más directa, llámame Albert.
-De
acuerdo-le respondí asintiendo.
En
el trascurso de las siguientes dos horas estuve hablando con mis nuevos amigos
sobre todo tipo de temas y me bebí otros 2 cócteles, de distintos nombres,
colores, aromas y por supuesto sabores.
Pronto
descubrí que tenía una gran afinidad en lo deportivo a Oliver (ambos somos
hinchas del mismo equipo) y con Steven (nuestras ideologías se parecían, aunque
yo no era tan contestatario.).
Pude
ver como en el pub se representaban funciones, siendo la de esa noche una de un
humorista asiático cuyas jocosas burlas llenaron de humor y diversión el bar.
Después
de pagar (Albert, que siempre pagaba) comenzamos a andar y después de cinco
minutos de caminata llegamos a una posada cuyo nombre no recuerdo. Entramos por
la puerta, ya achispados por los numerosos cocteles que habíamos bebido. Albert
nos invitó a otra sugerente bebida, esta vez de color anaranjada con
decoraciones rojizas y que yo había tomado ya muchas veces, pues era más
normal que los que servían en Ping and Pang; su nombre era Party.
Una
vez hubo pasado un rato (y dos vasos de bourbon, pues ya me había cansado de
cócteles), un despliegue de bellas damiselas se desplazó al centro del local,
atrayendo las miradas lascivas de todos los hombres allí presentes y elevando
la temperatura unos cuantos grados centígrados.
En
ese mismo instante, cada cliente cogió a una mujer y se la llevó a una de las
habitaciones. Y nosotros no íbamos a ser menos.
Conmigo
se vino una bella muchacha, de tez morena, cabellos negros y largos como el azabache,
ojos de rubí y que llevaba ligeras y sugerentes vestimentas. Entramos en la
habitación, donde me ofreció un cóctel, que yo rechacé; pues ya había bebido
mucho, y como se suele decir: ``Hasta aquí puedo leer´´.
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