CAPITULO IV

Así, entre unas cosas y otras, llegó el jueves. Me desperté a las dos y media, me acicale un poco y baje al restaurante (que se encontraba justo debajo de mi apartamento), donde comí una ración de carne a la brasa. Después, subí a mi aparta­mento, estuve leyendo un periódico y ya a las nueve y cuarto, me comencé a vestir y fui a la puerta de uno de los edificios más altos que he visto nunca, la sede nacional del Siete Días.

Veinte minutos después vi como Albert y otras ocho personas salían por la acristalada puerta que servía de entrada. Cuando me vio comenzó con las presentaciones, aunque a una de esas personas ya las conocía. Era Grover Radcliffe, que estudió con­migo en la universidad, donde nos hicimos íntimos amigos, si bien era cierto que por las tímidas jugarretas que nos gasta ese burlón arlequín que es el destino no lo había visto desde el día de la graduación:

-John, ¡Cuánto tiempo!-exclamó- ¿Tú eres ese camarero licenciado bri­llantemente en periodismo que quiere trabajar aquí?

-Sí, ya sabes que mi periódico predilecto era y ha sido siempre el Siete Días.

-¿Os conocéis?-interfirió el señor Cameron.

-Sí, estudiamos juntos en la universidad-respondimos los dos al unísono, y a continuación nos miramos recíprocamente.

Tras eso me presentó a todos los demás integrantes de la no muy gran nómina del periódico. La componían estas personas:

I. Albert Cameron: Director y fundador del periódico.

II. Grover Radcliffe: Recién contratado becario dispuesto a hacer todo tipo de recados.

III. Steven Faulkner: Anciano periodista famoso por sus críticas a todos los gobiernos, independientemente de su color polí­tico.

IV. Oliver Green: Jefe de la sección de deporte. Un apasionado del fútbol, que disfrutaba con todo tipo de partidos, desde los más bellos e importantes a los más intrascendentales.

V. Wayne Hoodchild: Corresponsal de la publicación en los reporta­jes que ocurrían fuera de Londres. Esto se debía a su pasión por viajar. En la oficina se solía decir de él que había estado en todos los países poblados por hombres, y lo que era más importante, mujeres, pues como yo mismo pude ver era un auténtico mujeriego.

VI. Abraham Worrington: Jefe de la sección de política. Al contrario que Steven mantenía muy buenas relaciones con todo tipo de gobiernos, por lo que el periódico podía conse­guir fácilmente entrevistas con todo tipo de jefes de go­bierno.

VII. Dwight Skewes: Además de ser el encargado de realizar las tiras cómicas del periódico, por lo que se encontraba en el centro de la diana de casi todo el mundo, tenía un título de mete­orólogo, por lo que también realizaba el parte.

VIII. Stephen Hallywell: Fundó el periódico junto al señor Cameron, aunque comenzó a apoyarlo cuando el proyecto despegó. Su columna de crítica social era de las más leídas de Inglaterra.

IX. Martin Barrymore:Elaboraba las crónicas de los partidos junto a Oliver, y toda la sección deportiva. Era conocido por sus extrañas corbatas de colores.

Tras todas las presentaciones, el señor Cameron nos llevó a un pub de copas llamado Ping and Pang. La decoración de las pare­des era algo estridente, pues combinaba colores y motivos que rara vez se podían ver junto, como es el caso del Rojo, el Marrón y el Amari­llo (todo ello en rayas, puntos, cuadros…) ; eso sí, debo reconocer que el lugar llamaba poderosamente la atención.

Nos acercamos a la barra y el señor Cameron dijo:

-TresFantasías, cinco Small Bomb y un Impresionante.

-¿Tú qué quieres, John?-me preguntó.

-La verdad es que no he oído nunca esos nombres, pero aunque solo sea por probar, pídame una Small Bomb-le pedí.

Una vez que hubo pedido nos sentamos alrededor de una mesa y el Sr. Cameron me dijo:

-Es normal que no conozcas los cócteles que se sirven aquí, en un sitio que pasa desapercibido, aunque no lo creas. Creo que has acertado al elegir una Small Bomb, es un combinado perfecto para comenzar.

Al cabo de unos cuantos minutos nos trajeron los cócteles, y descubrí lo que era una Small Bomb, una bebida de color verdoso esmeralda, pero que en el fondo de la copa de cristal brillaba con un precioso color azulado cual zafiro o lapislázuli. Decidido me lo acerqué a los labios y sorbí un pequeña libación. Me vi pasmado por la pequeña explosión que tuve en mi boca (de ahí provenía el nombre) y quedé sorprendido por la buena elección que tuve.

-Sr. Cameron, tenía usted razón, este cóctel es delicioso…-no pude terminar mi frase pues me interrumpió Albert:

-No me llames Sr. Cameron, entre mis empleados (y los que lo pueden ser) deseo una relación más directa, llámame Al­bert.

-De acuerdo-le respondí asintiendo.

En el trascurso de las siguientes dos horas estuve hablando con mis nuevos amigos sobre todo tipo de temas y me bebí otros 2 cócteles, de distintos nombres, colores, aromas y por supuesto sabores.

Pronto descubrí que tenía una gran afinidad en lo deportivo a Oliver (ambos somos hinchas del mismo equipo) y con Steven (nuestras ideologías se parecían, aunque yo no era tan contestatario.).

Pude ver como en el pub se representaban funciones, siendo la de esa noche una de un humorista asiático cuyas jocosas burlas llenaron de humor y diversión el bar.

Después de pagar (Albert, que siempre pagaba) comenzamos a andar y después de cinco minutos de caminata llegamos a una posada cuyo nombre no recuerdo. Entramos por la puerta, ya achispados por los numerosos cocteles que habíamos bebido. Albert nos invitó a otra sugerente bebida, esta vez de color ana­ranjada con decoraciones rojizas y que yo había tomado ya mu­chas veces, pues era más normal que los que servían en Ping and Pang; su nombre era Party.

Una vez hubo pasado un rato (y dos vasos de bourbon, pues ya me había cansado de cócteles), un despliegue de bellas damise­las se desplazó al centro del local, atrayendo las miradas lasci­vas de todos los hombres allí presentes y elevando la tempera­tura unos cuantos grados centígrados.

En ese mismo instante, cada cliente cogió a una mujer y se la llevó a una de las habitaciones. Y nosotros no íbamos a ser me­nos.

Conmigo se vino una bella muchacha, de tez morena, cabe­llos negros y largos como el azabache, ojos de rubí y que llevaba ligeras y sugerentes vestimentas. Entramos en la habitación, donde me ofreció un cóctel, que yo rechacé; pues ya había bebido mucho, y como se suele decir: ``Hasta aquí puedo leer´´.

1 comentario:

  1. De que me sonara Grovert Radcliffe??
    A si de Daniel Radcliffe( harry potter)
    Rafa enserio tienes que enviarlo a una editorial para que lo publiquen

    C.M.L.V

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