Después de llegar al pub y empujar la enclenque y desgastada
puerta verde; me puse ojo avizor cual vigía de barco pirata para encontrar al
misterio remitente de la carta.
El café se encontraba totalmente atestado, por lo que mi
labor se convirtió en, cuanto menos, ardua. Por fin, una persona con un enorme
anillo de diamantes (que se tapaba la cara con un menú) hizo gentos para que me
acercase, y obediente como un siervo de la Edad Media, me acerqué a él. Aún
detrás del menú de los numerosos cafés que allí servían, preguntó:
-¿Has venido solo?
-Sí-respondí escuetamente.
-¿Has hablado con alguien de esto?
-No, aunque he sentido ganas de contarlo.
Una vez que respondí, se quitó el minuta de la cara, y pude
ver que el confidente desconocido, aquel que me ayudaría a avanzar en la
investigación, era… ¡La secretaria del alcalde!
-¿Es usted la delatora?-inquirí casi gritando.
-Baja la voz si no quieres que me marche y te deje solo-me ordenó
a la que amenazaba.
-De acuerdo-reconocí bajando la cabeza.
-Así me gusta. Y sí, yo soy quien te contará los planes del
Sr. Brokenshire, porque pese a que es mi amigo y jefe, no puedo permitir que la
bella democracia se vaya al cuerno-yo asentí y ella continuó-.
``Hace algunos años, cuando David todavía esperaba su nominación
a la candidatura para el ayuntamiento de Londres, era un joven modélico,
demócrata y que siempre hacía todo lo posible para ayudar a los más
necesitados. Y en realidad, así continua siendo, pero desde que algunos
miembros de otros gobiernos le lavaron el cerebro para que diesen ese golpe de
estado está irreconocible´´.
``David comenzó a trabajar junto a otros en el ``objetivo´´,
como él lo llama siempre. A través del golpe de estado, pretenden convertir a
Inglaterra en una dictadura, en la que se suprimirán los derechos y la libertad
de expresión, y en el que la batuta de mando la llevarán el Sr. Brokenshire y algunos
de los políticos más corruptos del país.
-¿Y quiénes son esas personas?-pregunté, dándome cuenta de
que lo descubierto por mí días atrás era más importante de lo que me imaginaba.
-Son algunos ministros del gobierno, el alcalde de
Manchester, el primer teniente de alcalde de Liverpool y otras personas que se
encargan de comprar todo un arsenal de armas y recursos para cuando llegue el
gran momento.
-¿Cómo obtienen el dinero?
-Lo dan entre todos los que apoyan el golpe, incluido un
banco importante, la Caja Támesis; el alcalde suele proporcionar dinero para
rifles-concretó.
-¿No entregará el dinero a un hombre con barba y grandes lentes?-pregunté
uniendo cabos.
-Sí.-me confirmó-. Ese es Sigmund Blair. Se encarga de hacer
llegar a la sede del plan (situada en Glasgow) el dinero.
Es ese momento, recordé cuando el Sr. Brokenshire le dio
1000 libras a ese tal Sigmund, a cambio de algunos intereses.
-Entonces, si es cierto que el alcalde es un demócrata, ¿Qué
gana con el golpe?-escruté acordándome de lo que la secretaria me había dicho
minutos atrás.
-Como bien le he dicho antes, el Sr. Brokenshire continúa
siendo un demócrata, pero es un hombre muy ambicioso, y dejó de ver los
resquicios legales y morales del plan cuando le ofrecieron ser el nuevo primer
ministro.
-¿ Brokenshire será el primer ministro si el golpe prospera?-pregunté
estupefacto.
-Tras muchas negativas de David para participar en el golpe,
le ofrecieron la jefatura del estado, y él no pudo declinar la oferta.
-Realmente estoy sorprendido por todo lo que rodea al golpe,
y a no ser que tenga algo más que contarme, me marcho. Debo actuar cuanto antes
para que el plan no diga avanzando-proclamé convencido.
-Vale, márchese, ya no tengo mucha más información que proporcionarle.
Pero le daré un consejo, no publique absolutamente nada. Puede investigar,
ayudarse por amigos, interrogar a gente… Pero nunca publique nada, el grupo
golpista sabe más de lo que pensamos.
-¿En qué sentido?-curioseé intrigado una vez más.
-No sé cómo lo hacen, pero todos los días por la noche, al
alcalde le llegan los ejemplares de todos los periódicos que se publicarán día
siguiente, y estoy al corriente de que ningún director ni empleado se los
suministra.
-¿Y para qué quiere los periódicos?
-¿No es obvio? Los recibe para comprobar que en ningún periódico
se habla de sus planes-me explicó.
-Gracias por avisarme-dije satisfecho por los resultados de
la conversación.
-Suerte-me dijo la secretaría mientras salía por la puerta,
dando por concluida la que posiblemente sería, la única vez que hablásemos en
la vida.
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