CAPÍTULO VI

Después de pasar un gran día en compañía de P.T. y sus parroquianos, llegó el esperado lunes. Ese día me levanté al alba, si bien es cierto que no pude dormir demasiado, me tomé un café bastante cargado (como ya he dicho no había dormido), me puse mis mejores galas y mi mejor chaleco, y des­pués de coger mi ya famoso maletín, partí hacia el trabajo.

Cuando llegué sólo estaba allí Albert y Stephen, que siempre eran los primeros en llegar, y en caso del primero, el último en irse; mas es cierto que vivía en un gran piso que se encontraba al lado de la sede del periódico.

-Has venido pronto, John-me dijo Albert con una sonrisa en la cara.

-Es que si viene tarde el primer día no merece trabajar aquí-le rebatió Steven en un tono que no puedo calificar-. Recuerdo mi primer día aquí. Era un 3 de abril del año…

-Stephen, no es la hora de la siesta y por tanto, tus batallitas están fuera de lugar-le dijo Albert provocando una mueca de enfado en el rostro del anciano periodista.

Veinte escasos minutos después, ya estábamos los diez emplea­dos reunidos en la sala de juntas, en la que todos los días se re­unían los empleados para recibir sus cometidos del día. La sala se encontraba perfectamente engalanada con los más famosos ejemplares que el noticiero había editado. 

Entonces, el Sr. Cameron empezó con el reparto y todos nos ca­llamos:

-Wayne, debes a ir a Escocia para tratar el tema del robo de oro, te llevará por lo menos dos días. Abraham, haz todo lo posible para conseguir una entrevista con alguien del gobierno de Liver­pool, están hasta el cuello con los escándalos de corrupción-poco a poco los nombrados fueron abandonando la sala, hasta que sólo quedamos Grover y yo, que estábamos sentados uno al lado del otro. Entonces, Albert se acercó  a nosotros y nos co­municó-John, Grover-dijo mientras nos señalaba-ambos sois becarios y por tanto debéis trabajar juntos hasta que vea que estáis preparados para trabajar solos. Hoy iréis a la rueda de prensa de la escritora Jennifer Black, cuyo último libro es el nuevo bestseller.

Siguiendo sus indicaciones, nos dirigimos al hotel Full Moon; donde había una gran sala llena de periodistas, la mayoría de El Votante y La Armonía. Atorados por el grandioso número de profesionales, comenzó la entrevista. Tras media hora de pre­guntas y escuetas respuestas alcé la mano, y después de que me diesen el turno de palabra, inquirí:

-¿Es el personaje de Mary una comparación al personaje de la Reina Isabel, al que usted admira, según ha dicho en múltiples ocasiones?

-Es una muy buena pregunta-me respondió-. Me llegó esa misma duda a la mitad de la escritura, y como me convenció, intensifi­qué ese efecto; por lo que se ve más al final que al principio-terminó

Cuando me hube sentado, Grover me felicitó, ya que él no tenía el valor necesario para hacer una pregunta; aunque como yo le dije, ese mo­mento ya llegaría.

Unos cinco minutos después, la rueda de prensa terminó y tanto Grover como yo nos dirigimos a la sede del impreso, donde di­mos la información necesaria a Albert para que la montase y la pusiese en el número de mañana.

Tras eso, y después de tomarme un café, me marché a casa; eso sí, pasando previamente por el Pub Melanie para contarle a P.T. y a todos como había sido mi primer día.

En pos estar allí media hora, subí las escaleras y llegué a mi apartamento, donde, después de estar viendo un rato el lugar donde iba a aparecer mi nombre y la rueda de prensa a Jennifer Black, me marché a mi camastro; para recobrar fuerzas.


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