Llegué al Pub Melanie, mi lugar de trabajo durante los
últimos 2 años y el sitio de dónde sacaba el dinero para poder costear mis
estudios universitarios de periodismo, ya que no tenía ningún otro sustento
económico, mis padres murieron a mis 8 años y durante otros 10 estuve internado
en un apestoso orfanato en el que nos trataban como a vulgares ratas, pero por
suerte a los 18 pude escapar de allí y labrarme un futuro.
Saludé a P.T., el chef y ex militar de guerra
(retirado de estas tareas por una bala que tenia incrustada en la pierna
derecha), cuyas tortitas eran reconocidas como las mejores de todo el sur de
Inglaterra, y unas de las mejores del Reino Unido.
-¿Qué tengo que hacer hoy?- le pregunté.
-Vete tomando los pedidos- me encomendó.
-¿Eso no lo hace Alex?- le repliqué.
-Lo suele hacer normalmente, pero al haberse caído
ayer por las escaleras y romperse la tibia le resulta complicado. Ahora ves y
recuerda a los clientes que tenemos varios menús del día y a muy buen
precio- me respondió.
Raudo y veloz me fui acercando mesa por mesa
preguntando siempre la misma frase característica del Pub: ``¿Quiere el Menú
del día?´´.
Y la respuesta siempre era la misma ``¿De qué está compuesto?
A continuación, yo le relataba la preparación y junto
después, todos aceptaban.
Eso era lo corriente y normal, pero no en la mesa de
alcalde Brokenshire,
cuyas respuestas siempre me dejaban atónito (siendo la que ahora relato una de
la más ``normales´´). Llegué a su mesa y le pregunté:
-¿Qué
será hoy, Sr. Brokenshire?
-Perdona
la intromisión, pero ¿Qué ha sido del chico rubio que siempre toma los pedidos?
Creo que se llamaba Alex.
-Ayer se
rompió la tibia y como es normal, no puede venir. Le daré sus recuerdos-el
alcalde asintió demostrando que estaba conforme con lo propuesto. A
continuación le pregunté- ¿Qué quiere?
-¿Cuál es
la recomendación del chef?- me preguntó.
-Filete a
la pimienta con guarnición de patatas con salsa Edmison- le respondí.
-¡Póngame
eso! No sé que es esa salsa Edmisen o Edmison, pero lo quiero probar-proclamó
excitado.
-De
acuerdo, señor- dije apuntando sus preferencias mientras me daba la vuelta,
pero volvió a inquirir:
-¿Cuál es
su nombre, joven?
-Soy John William Dawking.
-Dawking… Dawking… ¿No está usted estudiando
periodismo en la universidad?-dijo mientras pensaba.
-Exacto,
y me va bastante bien, si es posible terminaré mis estudios dentro de 2 o 3
meses.
-¿Qué
clase de periodista decidirás ser: política, deportes, cotilleos…?- indagó
-La
verdad es que me encuentro en una encrucijada entre los deportes y la política,
-le respondí mientras guardaba el blog de notas y el bolígrafo en el pequeño
bolsillo de mi rojo uniforme.
-Pues
si lo consigues y te contrata un buen periódico, que te contratará-afirmó-;
estaría encantado de concederte una entrevista- me ofreció.
-Y
yo estaría encanta…-no pude terminar la frase, ya que los griteríos de la grave
voz P.T. me obligaron a seguir tomando notas a las mesas.
Al
día siguiente, asistí a la universidad, en la que hable en privado con mi
profesor y amigo, el Doctor en Periodismo Ronald Filmore:
-John,
pronto recibirás tu título de periodista, pues este año los alumnos del último
curso habéis ido muy deprisa y como todos los años, al número 1 de la promoción
de mi departamento, es decir, a ti…-dijo señalándome, pero no pudo continuar,
pues lo interrumpí:
-¿Cómo
que yo soy el Nº1 de su promoción? ¿Qué pasa con George?-pregunté sorprendido,
pues aunque George era un chico callado, y que no demostraba un intelecto muy
grande en las conversaciones diarias sus calificaciones en la universidad era
de verdadero vértigo.
-No
me hables de George-dijo asqueado y ofendido-. Ese maldito impostor analfabeto
no que no sabe ni cómo ponerse las botas consiguió sus magníficas
calificaciones mediante engaños y copiando, de una manera ruin y rastrera, como
no hay otra. Pero no hablemos de eso-indicó dando el tema por sentado-. Lo que
te quería decir es que como número 1 de la promoción te quiero obsequiar con la
oportunidad de poder trabajar en 2 importantes periódicos de la ciudad, como
son La Armonía y El
Votante, ya que sus directores son conocidos míos, no amigos, pero sí
conocidos.
-Lo
siento, Dr. Filmore, pero debo declinar su oferta, ya que ninguno de esos
periódicos cumple, a mi juicio, el Código
Deontológico, ya que ambos son radicales y disfrazan la realidad para
favorecer a los partidos políticos que los controlan, el Whig y el Tory,
respectivamente. Para mí, el periodismo es dar las informaciones tal y como
son, ya que nosotros desde nuestras estilográficas y plumas formamos las
ideologías de mucha gente que creen que estamos en lo cierto al escribir y divulgar
eso-proclamé mientras recodaba los motivos que me llevaron a declinarme por
estudiar periodismo.
-Tienes razón, pero dime; si no te agrada ninguno de esos 2 periódicos, los dos con más tirada nacional, ¿Cuál te gusta?- intentó averiguar.
-Principalmente
me gusta Siete Días, un periódico de
información política y deportiva verídica, y sin manipular. Es el periódico
fundado por su aún director, Albert Cameron- respondí.
-Me
gustaría ayudarte, pero ni conozco a Albert Cameron ni a nadie del Siete Días- me dijo mientras hacía un
movimiento con las cejas muy característico suyo.
Dicho
esto me marché de su despacho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario